Artículo: Estamos casados, sólo que no tenemos sexo

De AsexualpediA
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Artículo original escrito en inglés en: http://www.theguardian.com/lifeandstyle/2008/sep/08/relationships.healthandwellbeing

Paul Cox fue entrevistado por Bridget O’Donnell. Algunos nombres fueron cambiados. Lunes 8 de septiembre de 2008 Traducido por: Reiki Kodashi

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Paul Cox: “En nuestra noche de bodas, invitamos amigos a jugar Scrabble”. Fotografía: Sarah Lee / Guardian

A pesar de no sentirse atraídos físicamente hacia otras personas, Paul Cox, de 24 años, explica cómo es que él y su esposa encontraron amor y felicidad como una pareja asexual.


La gente se pregunta el porqué habrían los asexuales de molestarse en buscar pareja, pero Amanda y yo hemos estado felizmente casados desde hace 9 meses y ambos somos aún vírgenes. Algunas personas incluso creen que la asexualidad no existe. Está tan infrarepresentada, que puedo entender por qué la gente se mantiene escéptica. Yo también lo estuve, incluso estaba acostumbrado a pensar de esa manera. Por años pensé que yo era la única persona en el mundo que se sentía así.

Mis padres son agricultores científicos, de manera que viví en el extranjero desde alrededor de los 10 años. Estuve en India hasta los 16, luego en Zimbabwe dos años y después en Kuwait. Estudié en China y Nueva York, antes de establecerme en Londres. Incluso a los 10 tuve la sensación de no querer casarme o tener hijos. Conozco a varios chicos que dijeron lo mismo, pero yo no cambié de opinión con el tiempo. No me interesaban las relaciones o el encontrarme una novia; estaba muy seguro que tampoco me interesaban los varones.

Gradualmente, mis compañeros de escuela pasaban más y más tiempo hablando de mujeres y buscando relaciones, pero nunca pude comprender qué es lo que buscaban con ello. En India se organizaban fiestas familiares donde todos los niños se reunían afuera en el jardín.

Tenía 13 y un mejor amigo, Kasim, quien era un año menor que yo. Él estaba enamorado de una muchacha Austaliana llamada Jessica; todos parecían coincidir que era la más bonita. Teníamos muchas discusiones privadas acerca de lo que él debía decirle, e incluso pensaba que ese era un juego ridículo, pero yo quería encajar, de manera que fingía estar enamorado también de una muchacha francesa llamada Sylvie. Ella era una apuesta segura porque no me correspondería. Yo sabía que no estaba interesada en lo absoluto en mí. Sólo tenía que hablar de ella con los muchachos.

Hubo veces, cuando fui mayor, que otras chicas se interesaron en mí, pero sólo las ignoraba deliberadamente. Quería evitar meterme en una situación donde me sintiera incómodo, de manera que nunca, siquiera, besé a una chica; la primera a la que besé fue a mi esposa.

Cuando tenía 13, mi padre me dio un libro de educación sexual. Sentí que leía sobre otra cultura; no entendía como alguien podría tomarse tantas molestias sólo para tener sexo. Intenté ver pornografía en Internet; pero ni me disgustó, ni me atrajo; fue aburrido, como mirar un papel tapiz.

La masturbación fue otro tema de conversación esos días. Y lo hacía, pero no era una necesidad. No fantaseaba, era sólo algo que mi cuerpo quería hacer. La gente dice, refiriéndose a los asexuales, "pero si se masturban, ¿eso no los hace sexuales?" Es difícil de explicar, pero cuando se es asexual no se siente esa conexión explícita entre masturbación y orientación sexual. Es parte de tener un cuerpo humano; un proceso físico y biológico.

Cuando nos mudamos a Zimbabwe, fui a visitar a mi viejo amigo Kasim. La última vez que nos vimos nos gustaban los juegos de computadora, beber Coca-Cola e ir a por pizza. Dos años después, fue impresionante ver lo mucho que Kasim había cambiado. El sexo era su mayor preocupación; tenía una novia y tenía toda la intención de hacerlo con ella. Una tarde estábamos con sus amigos cuando empezó a incentivar a un par de chicas a que se besaran entre ellas frente a una cámara. La atmósfera estaba pesada y me sentí fuera de lugar. Me había rezagado; Kasim era mi amigo de años, pero había entrado en un mundo diferente sin mí.

Para el tiempo cuando asistí a la universidad, estaba feliz de que la gente se preguntara sobre mi sexualidad. Ya no fingía hablando de chicas. Algunos pensaban que era gay, pero mi mejor amigo Simón fue la primera persona en confrontarme directamente. El estudiaba en Hangzhou, en China, al sur de Shangai. Es una ciudad muy bella, sobre un lago con montañas. Caminábamos entre las calles cuando Simón me lo preguntó directamente. Primero hizo una broma acerca de si me gustaban las mujeres... o los hombres. Me reí pero él insistió y preguntó, -¿Entonces qué eres?- Sólo le contesté, -No soy heterosexual y no soy gay. Es todo, punto final.- Porque no sabía qué término utilizar.

El siguiente verano, navegaba en Internet cuando leí la publicación de una chica que se decía no sentir atracción por nadie. Alguien le sugirió que fuera consciente de su "asexualidad" y le pasó la dirección de un sitio web: http://www.asexuality.org . Cuando entré al sitio y leí el material, lo hice con desdén al principio, porque simplemente no se escucha hablar de los asexuales. Desde Freud y Kinsey, e incluso hasta la extensión de la revolución sexual de los años 60; tendemos a creer que cualquiera que no tenga una orientación sexual es alguien reprimido o delirante. De manera que la asexualidad es una imposibilidad. Kinsey nos etiquetó como "X", una categoría estadística desechable para cualquiera que estuviera dañado al grado de no poder expresar cualquier sexualidad.

Gradualmente, visitando el sitio, vine a darme cuenta de que éstas eran personas ordinarias; personas que escribían cosas que de antemano yo ya había pensado, pero que jamás había oído que otro expresara. Fue un alivio. Finalmente tenía una etiqueta; una forma de expresarme que resolvía toda confusión y cuestionamiento.

Se lo conté de inmediato a mis amigos cercanos. Sólo una amiga no me creyó, pienso que ella creía que yo estaba secretamente enamorado de ella.

De regreso a la universidad decidí terminar con el asunto de una vez y me puse una camiseta que se leía: "La asexualidad no es sólo para las amebas". Estaba nervioso, pero ya se lo había contado quizá a una docena de personas y me había acostumbrado a responder las mismas preguntas una y otra vez. Nadie reaccionó realmente mal; tuve suerte.

Le conté a mi madre poco después de haber encontrado el sitio sobre asexualidad y dijo: -Bien, mientras entiendas la posibilidad de que uno de estos días conocerás a alguien y querrás sentar cabeza.- No estaba tan seguro de eso. Ya me había resignado a una existencia solitaria. Me había convencido de que formaría fuertes amistades, además de ser suficientemente independiente para estar bien. Afortunadamente mi madre siempre terminaba teniendo la razón.

Cuando mis estudios me llevaron a Nueva York, me involucré aún más con la comunidad asexual de ahí. Subía mensajes en su sitio y había reuniones regulares en una pequeña tienda rosa de té en East Village. Supongo se le podía llamar el equivalente asexual de un bar de ambiente.

Un día recibí un correo de Amanda. Ella era asexual y vivía cerca; se había ofrecido a mostrarme el barrio. En caso de que ella estuviera en búsqueda de un novio asexual, yo respondería con la advertencia de ser “vehementemente anti-romántico”. Aun así nos vimos para tomar el té y a patinar sobre hielo. Luego nos aficionamos a reunimos mucho.

Me encantaba la actitud de Amanda hacia la vida, me gustaba pasar el rato con ella y era bonita. Al principio la intenté tratar como cualquier otra amistad, luego me encontré a mi mismo viajando 4 millas al centro de la ciudad para entregarle unos bocadillos cuando me decía que sentía hambre. Dos meses después, estábamos en una actuación cuando se me hizo buena idea tomar su mano. A pesar de hacerlo con precaución, sabía que quería hacerlo y me preguntaba si podría. Después me di cuenta que ya no podía soltarla.

Una tarde acordamos que nuestra amistad era algo importante; queríamos comprometernos de por vida. En la comunidad asexual no se forman relaciones tan a la ligera. Si no piensas pasar el resto de tu vida con esa persona no hay necesidad de hacer tan especial compromiso.

Cuando lo anunciamos a nuestras familias, se alegraron por nosotros, mientras que nuestros amigos en la comunidad asexual estaban más que complacidos. En nuestra noche de bodas, mi suegra insistió que reserváramos la suite nupcial, de manera que invitamos a todos nuestros amigos una fiesta después. Jugamos Scrabble hasta entrada la noche y todos se quedaron a dormir en el suelo del hotel.

La gente siempre nos pregunta cómo es que nuestro matrimonio es diferente de ser sólo amigos. Pero pienso mucho que las relaciones son acerca de eso: ser amigos. Hemos construido sobre nuestra amistad, en lugar de moldearla o moverla. La forma obvia en que diferimos es que no tenemos relaciones sexuales, sin embargo, nos besamos y abrazamos. Nos gusta bromear acerca de que cuanto más tiempo pasamos casados, más inusual es esto. Cuando tengamos ya 5 años de casados ya seremos como todos los demás.

¿Siento que algo me falta? No realmente. Hemos decidido que si alguno de nosotros quiere experimentar sexualmente en un futuro, veremos qué podemos hacer para solucionarlo. Ambos deseamos comprometernos porque tenemos una relación y eso es lo que uno hace.

En lo que se refiere al futuro y los hijos, somos grandes partidarios de la adopción. De manera que no estamos tan preocupados por pasar nuestros genes. Ahora mismo somos muy felices con lo que tenemos. Después de mudarme tanto, puedo decir que dónde esté Amanda es mi hogar.