Asexualidad: La dificultad de identificarse con la ausencia

De AsexualpediA
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Metáforas con la asexualidad y con el no-binarismo (ser intergénero)

PERSONA 1: - Siempre he visualizado mi futuro con al menos un hijo porque tengo como el instinto maternal. Sé que tener hijos puede tener muchos inconvenientes y es súper lógico que los que no tenéis el instinto maternal no los queráis tener. A veces usando mi parte racional me replanteo si será una buena idea tenerlos -porque sé que del todo buena no es-.


PERSONA 2: - Si tú tienes instinto maternal, nada que decir. ¡Arriba la diversidad asexual! Asexuales con instinto maternal, sin él... ¡para gustos los colores! Yo cada vez pienso a los asexuales como mosaicos. Presentan en común que la estructura cerebral responsable de la atracción sexual, o lo que quiera que biológicamente se encargue de esa función, la tienen no-orientada/indiferenciada. Pero para el resto de estructuras la combinatoria que se quiera. Estructura romántica: algunos la tienen orientada (románticos) y otros no (arrománticos). Instinto maternal, lo mismo. Y así puedes jugar con una inmensa combinatoria.

Tu combinatoria es la que es. Digamos que el aspecto maternal, familiar lo tienes como “activado”, si me permites jugar con simplificación binaria de activado/desactivado remarcando que las opciones desactivadas no son peores que las activadas ni viceversa. Es simple diversidad. Nuestra naturaleza, forma de ser, no es ni buena ni mala, es nuestra forma de ser.

Lo que no sé es por ejemplo hasta dónde puede haber un “desacoplamiento” entre nuestra naturaleza y la imagen que tenemos de ella. Entre lo que somos y lo que imaginamos que somos. Son las sombras inciertas de conocernos a nosotros mismos. Es cuestión de sentirse, identificarse y luego contrastar con la realidad. Pero no siempre es fácil.

Puede ocurrir que tengamos una imagen imprecisa de nosotros (que nos etiquetemos inadecuadamente). Aunque yo de alguna manera también me creería que en esto del misterioso cerebro y la idea del mosaico que mencionaba pudiera haber cosas extrañas. Que las estructuras activadas y desactivadas no fueran todas en bloque y que digamos pudiera haber situaciones mixtas.

Si imaginamos una casa es como si pudiera haber unas habitaciones a oscuras y otras con las luces dadas. Si en la metáfora ponemos que casa puede ser por ejemplo el instinto maternal y familiar, puede que algunas habitaciones las tengas encendidas (el verte e imaginarte con familia) y otras apagadas (lo que explicaría por qué no se completa del todo ese deseo).

No sé si me sigues es todo muy abstracto. Así que por un lado pudiera ser que te estuvieras etiquetando adecuadamente por esas habitaciones, estructuras cerebrales que están encendidas y que te generan unos ¿deseos?, mientras que las habitaciones hacen que todo no esté tan claro.

En el caso de las personas que no dudan de su sentimiento familiar y que lo terminan realizando serían aquellas que tienen toda la casa encendida sin habitaciones oscuras. Mi caso sería justo el opuesto, todas las habitaciones a oscuras. Por eso lo podría tener tan claro.

Las situaciones confusas son las intermedias, habitaciones con luz y a oscuras. Y tu combinación de luz y oscuridad (en el caso de que fuera algo de esto), sería una. Pero otra persona podría tener otra combinatoria.

Y a ver, no quiero sonar aquí una reduccionista y determinista que defiende que todo están en el cerebro y que todo es biología. Lo que he dicho con margen. Sería como un factor más a considerar. Algo así como posibles bases biológicas que no hay que olvidar, pero que tampoco hay que creerse que sean las únicas. Ojito con caer en un reduccionismo biológico, que no hay que perder de vista otros factores como los histórico-sociales y demás.

Simplemente son reflexiones mías. Resumiendo. Según lo veo, las confusiones generales de los asexuales, en tu caso aquí concreto con el romanticismo, podría estar fundamentadas por un lado en una etiquetación incorrecta bien por un conocimiento impreciso de las etiquetas existentes (1); bien porque la etiqueta que precisan aún no existe y se tienen que encajar malamente en lo que hay (2) o bien por causas biológicas en la hipótesis de la casa a medio iluminar que te he propuesto (3).

A mí esto de las casas a medio iluminar me recuerda mucho a los grises, sea en la atracción sexual, la atracción romántica, el sexo, el género. Yo para el género lo que siento es que tengo algunas habitaciones iluminadas en chica, algunas habitaciones iluminadas en chico y muchas habitaciones a oscuras/no definidas. De ahí mi confusión. Por eso por ahora me digo género mosaico para aclararme conmigo misma. Porque al final lo mío no lo siento como una etiqueta clara sino como una combinatoria de las muchas posibles en esto de las casas a medio iluminar.

Y por eso por ejemplo creo que en el caso del género hay tanto adjetivo. Porque no hay patrones claros salvo casa iluminada en chica, casa iluminada en chico y poco más. El resto son combinatorias. Y si hay tanto nombre es un intento de etiquetar esas combinaciones. Pero para mí es en vano porque hay mucha diversidad. Yo casi lo metería todo en un saco de género gris/mosaico. Chico, chica y gris/mosaico. Y dentro de ese gris/mosaico todas las cosas confusas.

En lenguaje AVEN yo dejaría las cosas como genderqueer, yada y así, y no me metería a intentar definir con más precisión porque ya se trata de diversidad de combinatorias y no patrones concretos e identificables.

Algo así como las pieles que tienes categorías generales que luego incluyen una amplia diversidad. Piel blanca, pero que incluye desde los morenitos mediterráneos hasta los paliduchos eslavos. O negro con muy diversos negros. Y así. No es tanto caer en un reduccionismo o volver la dicotomía binaria sino subir en categoría. Agrupar las cosas. Lograr un consenso en un nivel superior.

Es que a mí todo esto me recuerda a mi trabajo. De verdad. Es lo mismo. Como ya te he dicho soy bióloga. Pues bien, dentro de la biología yo soy, o voy camino de ser, botánica. Si prefieres herbóloga. De mayor señora Sprout. (¿Has leído Harry Potter?).

Y en la botánica con los nombres de las plantas se dan los mismos problemas y dificultades. Por un lado la propia nomenclatura. Un mismo nombre de especie que se aplica a especies diferentes y al revés, nombres diferentes que se pueden aplicar a una misma especie, sinonimias.

Identificar, etiquetar una planta con un nombre (que luego colocar en la etiqueta), es un mundo. Aparte de que tienes que ir a por la planta, que a veces es toda una aventura, luego tienes que ponerte en el laboratorio. Las que te traes es generalmente porque en campo no has logrado identificarlas.

Así que en el laboratorio coges tus plantas y te pones a mirarlas a la lupa (no la de Sherlock Holmes, sino lupas esteroscópicas que son como microscopios pero con muchos menos aumentos). Como referencia están las floras. Una flora es una enciclopedia (generalmente son varios tomos) donde están descritas todas las especies de una región. Son descripciones que recogen los caracteres que presenta esa planta.

Usar una flora para identificar directamente es un poco arduo, así que están las claves. Las claves son el Quién es Quién. 1. ¿Tiene los ojos azules? Sí, vaya al paso dos. No, vaya al paso tres. 2. ¿Tiene sombrero? Sí, vaya al paso cuatro. No, vaya al paso cinco. Y al de 15 o veinte pasos terminas: ¡Es Margaret! o ¡Es Paul!

No es broma, eso mismo con tecnicismos son las claves dicotómicas. Bien, identificar plantas no es fácil. Vas por un camino y te das cuenta de que los pasos que te propone la clave ya no encajan: te has confundido. Retrocedes unos pasos y tomas la otra opción. Y así vas probando.

Y muchas veces dudas. Paso 5. Inflorescencia con tres flores, dos estériles y una fértil. Y tú miras y no te empanas. Y no sabes qué decir. No sabes si eso que crees que son las flores, porque ni siquiera estás seguro que eso que estás mirando sean las flores (no todas las flores son tan obvias como una rosa), son tres y si son estériles o fértiles.

No sabes interpretar, distinguir. A la vez que te preguntas si es que eres tú que eres un novatillo que no tiene ojo para “ver”, interpretar la inflorescencia. O si es que realmente esa planta no tiene ese tipo de inflorescencia. O que sí tiene este tipo inflorescencia pero que resulta que justo a tu ejemplar se le han caído las flores o no las ha desarrollado todavía. Porque, ¿cómo puedes estar seguro de si tiene o no ese carácter si ni siquiera sabes cómo es ese carácter para decir que no está? O es que te has equivocado y ni siquiera es el paso que tendrías que estar mirando.

Y lleno de confusión te levantas de la silla y vas a preguntarle a un profe. Entonces ellos con más ojo te pueden ayudar a ver e interpretar. Y ellos que quizá en su experiencia antes ya hayan visto eso de las tres flores puede que te ayuden a interpretar. Te colocan bien el ejemplar y te lo dejan bien puesto en la lupa para que veas bien el carácter. Y si está claro tú te quedas de ahhhh. Y aprendes. Y para la próxima ya lo sabes. Y si resulta que no está el carácter, ellos te pueden asegurar mejor que no está porque reconocen mejor su ausencia al saber mejor qué es lo que tendría que haber y que no hay.

Pero hay veces que ni los mismos profes tienen claras las cosas. O que ni ellos lo saben. Entonces lo que haces es bajarte al herbario (nuestro herbario está en el piso de abajo así que siempre “bajamos” al herbario), buscas en la colección plantas que ya estén identificadas y en esas intentas buscar ese carácter que se supone que tienes que ver y que tendría que estar. Es lo que se llama una identificación por comparación. Bajas a comparar tu ejemplar dudoso con otros identificados para ver si se parecen y es lo mismo.

No siempre es fácil. Y mucho menos absoluto. Hay veces que dudas entre dos especies y que no consigues distinguir bien. La clave se te queda corta. Entonces acudes a la flora a ver las descripciones. Y te pones a mirar. Y resulta que tiene caracteres que se cumplen para la especie A y otros caracteres que se cumplen para la especie B.

Son casos no claros. ¿Entonces es A? ¿Es B? No está claro, y siendo plantas tampoco hay que olvidar la posibilidad del híbrido. Muchos híbridos están reconocidos. Se sabe que ciertas especies tienen tendencia a hibridar y que es fácil encontrar ejemplares con caracteres intermedios, combinados, de las dos especies. Híbridos. Un mosaico de características de la especie A y de la especie B.

Y eso a la hora de identificar pues muchas veces das un nombre por decirle algo. Le dices, A, le dices B. Le dices híbrido de A y B. Según un poco lo que sea más habitual en

ese tipo de ejemplares. Lo único que está claro es que es un ejemplar confuso. Y no es cuestión de novatos. A veces los mismos expertos en una familia no identifican a nivel de especie y se quedan a nivel de género.

Porque se trata de una matrioska o muñeca rusa. Las especies se agrupan en géneros que se agrupan en familias que se agrupan en órdenes. Así hasta llegar a reino. Así por ejemplo se puede dudar de qué especie es un ejemplar, pero no del género. La incertidumbre es a diferentes niveles. En un nivel está claro pero para otros es discutible.

Mucho suele depender el criterio que se escoja para diferenciar una especie de otra y así. Puede haber diferentes criterios según distintos autores. Porque al final es un consenso, un intentar poner límites y acotar la variabilidad natural. Y siempre hay casos de frontera y casos ambiguos. Y al final las clasificaciones son artificiales (a mi criterio). Intentan reflejar la variabilidad natural, pero no llegan, son imperfectas. Son un reflejo con muchos sesgos, algunos inevitables.

Y los criterios pueden cambiar con el tiempo. Ahora que se está usando la comparación de secuencias genéticas las clasificaciones están cambiando. Ahora con el criterio genético muchas cosas están cambiando. O simples revisiones. Y donde antes había una especie ahora resulta que son dos y hay que rehacer los mapas de distribución para saber dónde está cada cual y hasta dónde llegan (lo que por ejemplo es uno de los trabajos que se está realizando en el laboratorio). O al revés, que donde antes había tres cosas resulta que solo es una porque esa especie tiene una gran variabilidad morfológica.

Así que al final los nombres de las plantas son como etiquetas de conveniencia sujetas a los cambios de criterio de los expertos que realizan las floras, a las decisiones que toma el identificador y a la propia casuística del ejemplar.

Después de esta botánica chapada no creo que sea muy difícil ver los símiles. Porque, ¿cómo puedes estar seguro de si tiene o no ese carácter si ni siquiera sabes cómo es ese carácter para decir que no está? Creo que este tipo de pregunta es la que en el fondo se hace todo asexual, sobre todo al principio. ¿Cómo puedo saber que no siento atracción sexual si no sé lo que es sentir atracción sexual? ¿Y si siento atracción sexual y no lo sé? ¿Qué es la atracción sexual? Inevitable proceso de indagar en el mundo AVEN y contrastar con la propia experiencia hasta responderse a uno mismo.

Por otro lado, lo que yo llamo casos grises/mosaico equivaldrían a los híbridos de las plantas. Cuando digo que en los géneros (chico, chica) hay mucha diversidad descrita y que convendría agrupar en categorías más generales, me estoy refiriendo a que si no es posible establecer unos criterios claros de diferenciación pues subir un nivel y juntarlo todo bajo algún criterio común. Algo más sencillo de reconocer de primeras en vez de centrarse en tanto nombre distinto.

Y ya desvariando, conste que esto lo estoy casi improvisando y que no lo tenía pensado de antes sino que me está surgiendo con esta reflexión, me resulta bonito pensar de pronto AVEN o AVENes como unos herbarios, bibliotecas de testimonios vivientes donde los ejemplares confusos acuden a compararse para poder identificarse y etiquetarse. Y es así, las identificaciones son mayormente por comparación. Porque las floras, las Wikis, a veces se quedan cortas. Es entendible, están en sus inicios.