Puntos cardinales y otras direcciones

De AsexualpediA
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Martes, 25 de agosto de 2015

Texto escrito por Danasira Ace en el blog Mundo propio

Puntos cardinales y otras direcciones

I

Estimado habitante del norte:

Te habrás preguntado dónde he estado todo este tiempo. Pues, te lo contaré. He decidido hablar sobre mis experiencias recientes. Al fin me he sentido tranquila, en confianza y relajada para contarte lo que sucedió en mi viaje. ¿Recuerdas mi vida hace medio año? Correcto. Estuve viajando al norte. Pero nunca llegué a ese destino.

Siempre creí que tenía claro mi rumbo. Con mi equipaje en la espalda y la brújula en mano decidí caminar por valles y montañas. Mi rumbo estaba fijo hacia el norte. La aguja estaba firmemente hacia arriba sin intención de cambiar. Siempre creí que en el norte estaba todo aquello que me pertenecía. Todos viajaban al norte! Era extraño si alguien viajaba al este, era mal visto. Decían que los que viajaban al este estaban malditos, enfrentándose a un mundo donde todos los humanos eran iguales sin diferencias entre ellos. Viajar al norte era lo común. Allí te encontrabas con distintos tipos de personas, mentes, cuerpos, todos distintos. Todos esperaban destacar de alguna forma y ser distinto que el de al lado. Nadie podía comprender a los viajeros del este. Yo viajaba al norte para ver personas distintas a mí. Nunca reflexioné mucho acerca de por qué lo hacía, simplemente iba a la dirección donde acudían las masas.

Viajar al oeste tampoco era bien visto. “Si caminas eternamente hacia el oeste, terminarás de todas formas en el este.” Decían imaginándose como aquellos viajeros del oeste, si bien distintos entre ellos pero con un mismo fin, rodeaban el mundo terminando en aquel despreciable lugar a los que solo pocos acudían.

Atravesé muchas tierras por largos años, disfrutando de variados paisajes y distintas personas que iba encontrando en mi camino. Nunca me sentí realmente emocionada por el norte. Nunca había estado allí y solo me lo imaginaba escuchando las historias de aquellos viajeros experimentados. Nunca aprecié que el norte era tan genial como lo describían las personas. Había algo que no me atraía de ese lugar, pero no pude comprender qué era. Simplemente seguí mi rumbo como lo más normal del mundo.

Cuando me había acercado bastante a lo que llamábamos norte encontré un viajero en el camino. Me llamó mucho la atención porque éste viajaba al sur. Jamás había visto a alguien viajar al sur. Nadie viajaba al sur. Decían que era un lugar frío e inhóspito, donde reinaba la soledad y la tristeza. Le pregunté la razón por la cual viajaba al revés que las personas comunes y me contestó algo que no me esperaba. “He ido al norte, y te diré, que ese lugar no es para mí. Todos viajan al norte, a todos les encanta vivir allí. Pero yo no me siento a gusto ahí. Así que haré algo que casi nadie hace; viajaré al sur. Allí es donde me sentiré completo como persona, allí es donde me quiero quedar.”

Le conté que no me sentía motivada viajar al norte, pero que lo hacía porque no conocía otra dirección mejor a la cual ir. No me identificaba con el este ni con el oeste. El viajero me describió el sur como un lugar alejado de la civilización, donde no existían grandes ciudades como en el norte y donde no habitaba ni el 5% de la población mundial.

“No es un lugar preferido por los viajeros, porque no contiene las atracciones del norte. Es un lugar para personas seleccionadas, únicos en sus gustos y preferencias. Es un lugar con hermosos paisajes, sin embargo nadie de norte lo sabe. Es un lugar donde todos los viajeros se apoyan, se unen y disfrutan mutuamente haber encontrado su lugar ideal. Imagínate que los viajeros del norte ¡ni se imaginan lo felices que somos! Y es que simplemente están cegados con su obsesionado norte que no miran hacia atrás y aprecian aquello que es distinto.”

Algo en mí me alertó. ¡El sur! ¿Por qué nunca se me había ocurrido? Es que nadie me había hablado antes del sur, ¡y yo jamás creí que estaba poblado por humanos!

¿Entiendes? Mi decisión fue tan radical que detuve mi marcha y di media vuelta, ¡rumbo hacia el sur! Durante en camino de regreso fui escuchando todas las historias que me contaba el viajero. ¡Por primera vez estaba emocionada por llegar a un lugar! Nunca antes había imaginado que iría a un lugar distinto al común y que me sintiera tan identificada con sus características.


Ahora sabes lo que me hizo cambiar. Tal vez no lo puedas comprender, porque eres un típico viajero del norte, pero te describiré mi aventura y te dejaré claro que siempre estuve destinado a ello.



II

El viaje hacia el lado contrario se hizo mucho más rápido que lo que había viajado antes. Al principio no quise contárselo a nadie, pero luego pensé, ¿por qué no? ¿Que tiene de malo que sepan que viajo al sur? De todas formas nadie sabe como es el sur, y a nadie se le ocurre ir allí. Al principio creerán que estoy mal y que me enfrentaré a la muerte segura en un lugar inhabitado y frío, pero luego comprenderán que no es como ellos piensan, y tendrán que aceptarlo.


El sur fue muy distinto a como me había imaginado. Solían decir que era el fin del mundo, un lugar cubierto de hielo, sin vida, sin esperanzas. El norte siempre ha sido muy cálido y agradable para la vida ideal. El sur era frío, si. Pero no como creían los del norte. El sur es un magnífico lugar con hermosos paisajes invernales. La tierra es negra, dura y helada. Pero suele estar cubierta por blancas nieves y escarcha cristalina. Sobre ella crecen los árboles de invierno con sus hermosas hojas grises, casi plateadas, como perlas brillantes cubiertas de arena. Por donde mires hay montañas cubiertas de nieve, campos de hielo. Sobre el mar flotan los inmensos glaciares, los cuales cambian su forma a diario. Lo más gracioso son las casas de los pobladores. Inconfundibles en su color morado violeta, logran ser vistas desde lejos. Los viajeros del sur acordaron los colores para orientar a cada viajero nuevo, evitando que se pierda en la naturaleza.


Los viajeros del sur fueron muy amables y acogedores, me dieron la bienvenida y me incluyeron enseguida como parte de su población. Instalé allí mi casa y comencé a disfrutar por primera vez el placer de vivir.



III

Los habitantes del sur solían reunirse diariamente a socializar entre ellos. AL principio me llamó la atención sus relaciones, pero luego comprendí y me acostumbré a ellos. A diferencia de los habitantes del norte, quienes vivían la vida a cuenta propia, nosotros lo hacíamos todo juntos. Se efectuaban fiestas por las noches en los cuales se invitaba a los habitantes de los demás pueblos, quienes solían venir muy seguido a pasar el tiempo con nosotros. Yo también comencé a visitar otros pueblos y ver sus costumbres, no eran muy distintas a las nuestras y la idea de unidad era la misma.


Una de las cosas que comencé a utilizar fue el juego de naipes, juego típico entre los habitantes del sur, con el cual nos divertíamos mucho. El ganador siempre era aquel que se quedaba con el As de corazones. El As de corazones representaba para los habitantes del sur la vida lejos del norte. El ser parte de un lugar al cual no acude mucha gente y sentirse satisfecho con su elección. Cada As que ganaba recibía sus merecidos aplausos, obsequiandole un anillo negro el cual lucía orgullosamente en su mano.


Ya ves, suelen tener costumbres distintas, pero no extrañas, ¿verdad? Tu que eres del norte jamás te preocuparías por destacar que eres de allí. No es que no se sientan orgullosos de vivir allí, pero nosotros estamos conscientes de que encontramos el lugar ideal y de que nada nos hará cambiar de opinión. Hemos acogido a personas del este y del oeste. A nadie le importó si venían de un lugar despreciable para la humanidad. Ahora solo nos importa que somos del sur, y de que nos quedaremos aquí. Te preguntarás en que nos diferenciamos de la gente del norte. Te lo contaré;


Hacemos varias cosas que ellos no hacen, o mejor dicho, ellos hacen cosas que nosotros evadimos. Los del norte acostumbran a hacer mucho deporte. Su filosofía de vida se basa en la importancia de realizar deporte mutuo. Creen que es una de las cosas más importantes del mundo, y que sin eso, su vida pierde sentido. Algunos gustan hacer deporte con grupos grandes de personas. Otros solo andan pendientes constantemente de encontrar una pareja con quien practicarlo. Lo gracioso es que los que no encuentran a nadie, deciden enfrentarlo solos. Salen a disfrutar del deporte solos y regresan con las esperanzas de no tener que seguir sin compañía.

A nosotros no nos gusta el deporte. Tal vez te suene extraño y no hayas imaginado que existen personas así y te parezca aburrido. Pero nosotros no lo consideramos necesario. Vivimos un estilo de vida sano y sin excesos, por lo tanto no necesitamos del deporte para quedar en forma. Nosotros nos mantenemos así de nacimiento. Encontramos que practicar deporte es innecesario. Y algo que encontramos innecesario no nos hace salir de nuestras cómodas casas.

Como ves, no practico deporte y no me interesa hacerlo, sé que soy un poco floja para el ejercicio físico. En cambio a mi me encantan los paseos tranquilos por el bosque nevado o por las montañas nevadas. Preferimos vivir una vida más tranquila y no tan agitada como ustedes. Los paseos tranquilos son lo ideal. Algunos prefieren ir acompañados, y otros preferimos ir solos. Lo hermoso de los paseos es que en ellos puedes disfrutar el paisaje a tu alrededor. No necesitamos acelerar, agitarnos y sudar para sentirnos bien. Nuestra vida es más tranquila. Pero eso es algo que las personas del norte no entienden, con su acelerado estilo de vida. Pienso que realmente no llegan a disfrutar lo que hacen, ¡porque no se dan el tiempo para ello!

Ahora que conoces algunos aspectos eres libre de elegir si aceptar a los habitantes del sur o discriminarlos como lo hacen con las demás personas que viajan a otras direcciones. Los del norte nos observan suspicaces, sin comprender nuestra decisión de no haber ido con ellos, haber dado media vuelta y haber cambiado de orientación, abandonando el destino de la gente común. Espero que los habitantes del norte no consuman tu vida por completo.

Desde el lugar más recóndito del sur,

La As de Corazones